El conductor siempre será fundamental en vehículos autónomos

¿Por qué se les llama coches autónomos y al mismo tiempo que el conductor siempre será fundamental? Este tipo de conducción será el futuro, de eso no nos cabe ninguna duda. Sin embargo, el papel del conductor podría no pasar tanto a un segundo plano como nos gustaría.

El papel del conductor en la conducción autónoma

Los vehículos autónomos apuntan a convertirse en el vehículo de un futuro cercano, para que en unos pocos años no tengamos que conducir, sino que sea un coche autónomo el que nos lleve al trabajo, de viaje y a cualquier parte.

Pero mucho ojo, porque podría no ser oro todo lo que reluce. Es decir, ante nosotros tenemos sistemas de asistencia potentes e inimaginables años atrás, que suponen una evolución grande hacia la conducción autónoma. Pero el conductor sigue siendo necesario, porque cada vez tenemos más funcionalidades y sistemas a los que atender, es decir, más posibles distracciones.

El vehículo va evolucionando hacia la conducción autónoma y los sistemas ADAS (sistemas avanzados de asistencia al conductor) ayudan al conductor mientras va conduciendo; lo que favorece la seguridad. Sin embargo, la seguridad sigue dependiendo del conductor.

El conductor debe asumir las responsabilidades en cuanto a conducción, carretera y tráfico. Porque aunque lo sabemos, es importante recordarlo una vez y otra, para evitar distracciones al volante.

Si analizamos los datos, vemos que aproximadamente el 90% de la información que recibimos cuando conducimos nos llega través de la vista. Es decir, lo mejor es que el conductor no separe la vista de la carretera para ver, en su lugar, la información que muestra un sistema de asistencia al conductor, por ejemplo.

Es evidente que la interacción entre conductores, vehículos y el entorno ha ido evolucionando muy rápido en estos últimos años. Por eso, caminamos hacia una conducción autónoma.

Los avances de lo analógico a lo digital

La conducción autónoma se compone de varios grados o niveles. En los últimos años se han ido incorporando interesantes avances.

Sin ir más lejos, en el Chrysler Imperial de 1937 nos encontramos con una instrumentación detrás del volante para que el conductor no tuviera que sacar la vista de la carretera. Además, los mandos también se fueron acercando al volante.

Más adelante, por los años 50, nació el Head-up display, el sistema que mostraba información en el parabrisas. Pero no llegó a los coches hasta 1988, cuando el Oldsmobile Cutlass Supreme lo introdujo por primera vez. Aunque se popularizó con BMW en el Serie 5 del año 2003.

Estos datos reflejan que desde hace muchos años se ha ido evolucionando, pasando de lo analógico a lo digital. Por ello, la instrumentación principal la encontramos en una gran pantalla digital de alta resolución.

Por ejemplo, volviendo a BMW, nos ha mostrado hace poco el deportivo Vision M Next con las opciones de control e información en 3 niveles. El conductor puede acceder a ello dentro de su campo de visión: dos pequeñas pantallas en el volante, una pantalla de cristal curvada transparente en la parte superior del volante y el parabrisas con pantalla de realidad aumentada.

La información más importante la muestra en el parabrisas y la menos en las pantallas del volante. Pero es una forma de que la tenga justo delante, para no tener que mover la cabeza ni separar la visión de la carretera.

Es una evolución pero sigue habiendo interacción

Estos pasos agigantados que nos llevan hacia la conducción autónoma son una evolución. Sin embargo, siguen necesitando de la interacción de los usuarios.

Los mandos alrededor del volante se pueden activar al tacto para no tener que apartar la vista del asfalto. E incluso podemos encontrarnos con mandos hápticos.

Pero también encontramos sistemas de control por voz más naturales, con IA, para que la conversación sea más rápida y precisa (aunque también nos puede despistar durante el viaje).

Otro de los avances pasa por el control por gestos, para activar ciertas funciones. Así como la interacción con la voz y los gestos, para que podamos comunicarnos de manera más eficaz, sacando los ojos lo menos posible de la carretera.

Dicho esto, vemos que vamos caminando hacia la conducción autónoma pero en estos momentos el usuario sigue jugando un papel clave. Porque aunque haya herramientas que nos facilitan el conducir, seguimos siendo imprescindibles.

Veremos que pasa cuando los vehículos autónomos lo sean completamente y los podamos disfrutar con normalidad.